Foto: NASA

Fueron 83 segundos en los que Miranda de Ebro se sumió en la oscuridad y en los que miles de mirandeses, y muchos foráneos, pudieron disfrutar de un fenómeno tan sorprendente como espectacular.

Y es que el eclipse solar movilizó a gran parte de la ciudad durante la tarde de este pasado miércoles. Compras de última hora para conseguir unas gafas homologadas, comercios que echaron el cierre en horario vespertino o peregrinaciones hacia los puntos de observación.

Son muchos los expertos que afirmaban que no hay nada comparable a un eclipse total y, aunque muchos eran reticentes, lo cierto es que las expectativas estuvieron a la altura de un fenómeno que nos recuerda lo pequeños que somos en el universo y la belleza incomparable que reside en el espacio.

Muchos mirandeses esperaban con ansia este acontecimiento y desde primera hora de la tarde buscaron su hueco para presenciar un fenómeno que tardará décadas en volver a ocurrir en la ciudad.

La Picota, el puente Carlos III, el parking de Antonio Cabezón, Ayuelas, el entorno del hospital Santiago Apóstol. Ayer eran muchos los puntos en los que se podía observar el eclipse y al que acudieron en masa los que querían verlo. Unos prefirieron la naturaleza. Otros optaron por la ciudad. Y algunos disfrutaron de sesiones de música como los que acudieron a la pedanía de Ayuelas.

Lo cierto es que todas las miradas iban a estar puestas en el cielo y a partir de las 19:41h las gafas salieron de los bolsillos y todos pusieron la mirada en el cielo despejado. Allí la luna comenzaba a opacar el sol y poco a poco la oscuridad iba ganando terreno a la luz.

Si bien el espectáculo estaba en el cielo, lo que sucedía sobre la tierra no dejaba de ser espectacular. Las sombras adquirieron una tonalidad muy diferente, los paisajes cambiaron por completo su apariencia y hasta los pájaros parecían guardar silencio. Durante unos instantes todo hacía indicar que algo estaba ocurriendo.

Y así fue. A las 20:27h la oscuridad se hizo presente en la ciudad y miles de mirandeses pudieron observar una imagen que permanecerá en sus retinas durante mucho tiempo. La luna opacó al sol y durante poco más de un minuto la estampa que presentaba en el cielo asombraba a los allí presentes.

Un espectáculo a la vista de todos, gratuito y capaz de reunir a miles de personas. Una de esas experiencias que recuerdan la inmensidad del universo, la pequeñez de nuestro planeta y que, en ocasiones, las cosas más extraordinarias de la vida no tienen precio.

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