El Club Deportivo Mirandés encaraba este domingo un partido clave en busca de la salvación. Con nuevo entrenador, colistas y ante un rival, a prori, directo. Sacar los tres puntos se antojaba fundamental si se quería seguir contando con opciones.

Pues bien, todo esto se quedó en el tintero, puesto que los rojillos volvieron a perder (1-2) en un muy mal partido y en el que acabó jugando Martín Pascual, central, de delantero. Un perfecto ejemplo de la situación que se vive en el club a día de hoy.

Muneta afrontaba su primer partido como primer entrenador oficial con varios cambios en el once. Selvi, Cabello y Javi Hernández, los tres recién llegados, titulares. Y Marí como único delantero ante la sanción de Carlos Fernández y la reciente marcha de Petit.

Lo cierto es que las cosas se torcieron desde muy pronto. Los andorranos, con Gerard Piqué presente en la nueva tribuna, controlaron el encuentro desde muy pronto. Los rojillos prácticamente corrían detrás del balón.

Y solo pasaron diez minutos cuando esa posesión acabó traduciéndose en gol, ya que Villahermosa puso el primero para los visitantes completamente solo después desde un centro lateral.

El Mirandés pudo empatar al siguiente minuto con un disparo centrado de Marí, pero quizás la reacción que esperaban los aficionados en Anduva no llegó a verse sobre el verde.

A pesar de que la escuadra de Miranda de Ebro intentó tener algo más el balón se les veía incapaces de crear peligro de verdad y solo un cabezazo de Juan Gutiérrez puso algo en apuros al portero del Andorra.

El partido se marchó al descanso con derrota por la mínima, un enfado muy grande de Anduva por alguna de las actuaciones del árbitro y con la esperanza de que algo cambiara en la segunda mitad.

Sin embargo, el fútbol es muy cruel y el Andorra puso el 0-2 nada más comenzar los segundos cuarenta y cinco minutos de falta directa. Un verdadero jarro de agua fría.

Ante esta situación solo quedaba luchar como jabatos y tirar hacia delante. Pero con el paso de los minutos el partido se enfrío. Fallos individuales de jugadores y la sensación de que por mucho que quería, simplemente no podían.

Poco se puede rescatar de esta segunda mitad hasta que entró al terreno de juego Marino Illescas, quien consiguió revolucionar de alguna manera el encuentro.

Pase filtrado a Javi Hernández, quien no perdonó y puso el 1-2 para revivir a Anduva e intentar conseguir un empujón final. Y los rojillos comenzaron a creérselo, pero quizás era demasiado tarde.

El árbitro tampoco ayudó puesto que ya casi finalizando el colegiado fue mandado por el VAR a revisar un posible empujón en el área, pero tras ver la revisión consideró que no había nada.

Final del partido y derrota en Anduva. La situación se vuelve cada vez más complicada para un Mirandés que continuará colista en la tabla y con las cosas cada vez más difíciles.

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