Por segundo año consecutivo Miranda de Ebro se queda sin Semana Santa. El año pasado fue el gran evento cultural y religioso que tuvo que cancelarse a consecuencia de la pandemia, coincidiendo con el primer estado de alarma y el estricto confinamiento domiciliario. Un año después la actual situación, después de la experiencia vivida en Navidades, ha obligado a las autoridades sanitarias a prohibir cualquier tipo de celebración que implique aglomeraciones de gente y un aumento exponencial de los contagios.

De esta forma la Semana Santa en la ciudad del Ebro se vivirá de nuevo de una forma muy peculiar, sin procesiones en las calles y sin culto público en las iglesias, que mantienen la limitación de aforo también estos días.

Una situación que no pilla por sorpresa a las cofradías y devotos de la ciudad, que teniendo en cuenta el avance de la pandemia y las restricciones que se aplicaron después de Navidad para contener el aumento de los contagios, eran conscientes de que tendrían que sacrificar de nuevo estas celebraciones.

La Junta de Castilla y León ha prohibido la celebración de eventos masivos que impliquen la aglomeración o concentración de personas, como las tradicionales procesiones. Sin embargo sí permite determinados actos religiosos en los que las imágenes permanezcan estáticas. Se permite visitar por ejemplo los pasos e imágenes religiosos en los lugares de culto, lo que se ha convertido en la mejor alternativa a las procesiones.

En Miranda durante el Jueves Santo y Viernes Santo se celebraban los principales actos religiosos de la Semana Santa, procesionando las imágenes del Cristo Yacente, La Soledad, el Cristo atado a la columna, Crucificado y Oración del huerto, entre otros.

De esta forma, este año solo se mantienen las misas y los oficios religiosos en Miranda, cumpliendo con el límite de un tercio del aforo y garantizando las distancias de seguridad. No se permiten sin embargo las muestras físicas de devoción o tradición, como besos o contacto sobre las imágenes o esculturas.

La Semana Santa en Miranda llega en este segundo año sin procesiones, acompañada de un aumento de los contagios y de la incidencia acumulada, una tasa que sitúa a la ciudad en riesgo alto según los indicadores de la Junta de Castilla y León. Por eso lo más prudente y responsable es sacrificar estas celebraciones, mirando al próximo año para retomar esta tradición en Miranda.

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